miércoles, 28 de julio de 2010

Quizás?

Quizás les ha pasado en alguna ocasión. Quizás, alguna vez, caminando por la calle les pareció ver en el tumulto de la gente a una persona a la que amaron hace mucho tiempo. Apenas fue un instante, un breve destello de luz,
lo suficiente como para dejar una quemadura en las retinas y en el alma. Lo suficiente como para dejarte paralizado en mitad de la acera, sintiéndote a contracorriente de todo, sin saber muy bien qué hacer o qué decir. Y se le llena a uno la cabeza de recuerdos.
Y el caso es que no esta seguro de que se trate de esa persona. Porque, primero, fue -como digo- un breve instante y, en segundo lugar, porque hace tanto tiempo desde la última vez que os vistes que... todos hemos cambiado en este tiempo, y tu también aunque te niegues a reconocerlo. Y esta bien que así sea.
El caso es que entonces uno queda dudando en mitad de la acera, pensando si ¿No será que uno confunde la realidad con el deseo?
Quiero decir, que quizás si se trate de esa persona. Pero a lo mejor no, a lo mejor uno lo desea tanto que la inventa entre la gente. Desapareciendo y apareciendo, apareciendo y desapareciendo. Y no digo que quedará algo urgente por decir, algo pendiente. Quizás no sea eso, quizás, quizás sea un deseo inconsciente. Y uno solo quiere encontrarse con ella para decirle... cualquier tontería. Quizás para recuperar un retazo, de aquellos tiempos en los que eramos eternos e invulnerables.
Quizás solo para decir...
¿Qué ha sido de ti en todo este tiempo?...
¿Qué fue de nosotros?...
¿Qué ha sido de mi?...




Me levanto temprano, moribundo. Perezoso resucito, bienvenido al mundo. Con noticias asesinas me tomo el desayuno. Camino del trabajo, en el metro, aburrido vigilo las caras de los viajeros, compañeros en la rutina y en los bostezos. Y en el asiento de enfrente, un rostro de repente, claro ilumina el vagón. Esos gestos traen recuerdos de otros paisajes, otros tiempos, en los que una suerte mejor me conoció.
No me atrevo a decir nada, no estoy seguro, aunque esos ojos, sin duda, son los suyos, más cargados de nostalgia, quizás más oscuros. Pero creo que eres tú y estás casi igual, tan hermosa como entonces, quizás más. Sigues pareciendo la chica más triste de la ciudad.
¿Cuánto tiempo ha pasado desde los primeros errores?, del interrogante en tu mirada. La ciudad gritaba y maldecía nuestros nombres, jóvenes promesas, no, no teníamos nada. Dejando en los portales los ecos de tus susurros, buscando cualquier rincón sin luz.
"Agárrate de mi mano, que tengo miedo del futuro"
y detrás de cada huida estabas tú, estabas tú. En las noches vacías en que regreso solo y malherido, todavía me arrepiento de haberte arrojado tan lejos de mi cuerpo. A ahora que te encuentro, veo que aún arde la llama que encendiste. Nunca, nunca es tarde para nacer de nuevo, para amarte. Debo decirte algo antes de que te bajes de este sucio vagón y quede muerto, mirarte a los ojos, y tal vez recordarte, que antes de rendirnos fuimos eternos.
Me levanto decidido y me acerco a ti, y algo en mi pecho se tensa, se rompe.
"¿Cómo estás? Cuánto tiempo, ¿te acuerdas de mí?"
Y una sonrisa tímida responde:
"Perdone, pero creo que se ha equivocado".
"Disculpe, señorita, me recuerda tanto a una mujer que conocí hace ya algunos años".
Más viejo y más cansado vuelvo a mi asiento, aburrido vigilo las caras de los viajeros, compañeros en la rutina y en los bostezos.

Recuerdo by Ismael Serrano

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